En Jujuy, la diversidad no se esconde: resiste, trabaja y sostiene comunidad. Detrás de cada rostro amable hay historias marcadas por el rechazo, la violencia o el exilio interno. Pero también hay algo que el territorio no logra apagar: la fuerza de haber sobrevivido y de transformar esa herida en futuro para otras personas. Durante nuestra cobertura del Primer Foro de Turismo y Diversidad LGBTQ+ de Jujuy, en MasQLine conocimos cuatro voces que no solo ocupan un lugar: lo construyen, lo militan y lo sostienen todos los días. Ellas son Sharlott, Dana Liz, Daira Delfina y Gabriela Dagún.
Ser trans en el norte: cuando la identidad también es territorio
Ser mujer trans en el norte es vivir entre culturas profundas, ciudades chicas y comunidades donde la tradición convive con la resistencia. La visibilidad se conquista con cuerpo, trabajo y coraje. Estas cuatro mujeres lo demostraron en Jujuy: sus caminos son distintos, pero todas comparten el mismo pulso —existir en un territorio donde no siempre está permitido.
Sharlott: identidad, raíces y resistencia en Calilegua
Sharlott, mujer trans indígena de Calilegua, creció en un entorno donde su identidad no tenía palabras ni permisos. Aun así, insistió en existir. Con el tiempo, pasó de ser señalada a convertirse en referente comunitaria, elegida durante seis años como Reina de la Yunga, un reconocimiento que la integró simbólicamente en un espacio donde antes no había lugar para mujeres trans.
En sus propias palabras:
“Durante años me dijeron que no podía ser quien soy. Hoy camino mi pueblo con la frente en alto.”
Sharlott participa en talleres, escuelas y actividades culturales, conectando diversidad e identidad originaria. Su mensaje es claro y firme:
“Mi identidad no es un disfraz: es cultura, territorio y vida.”
Y sobre lo que significa ser trans en su comunidad, resume con una honestidad que atraviesa:
“Ser trans en una comunidad originaria es romper silencios muy viejos.”
Desde su territorio, abre camino donde antes solo había silencio. Y ese gesto, en sí mismo, ya es transformación.
Daira Delfina (Damas de Hierro): acompañar, contener, transformar
La historia de Daira Delfina, presidenta de la Fundación Damas de Hierro, revela la dimensión real de la militancia trans en el norte: cotidiana, cruda y necesaria. Su organización —formada por mujeres trans, trabajadoras sexuales y mujeres de pueblos originarios— sostiene, sin recursos estatales, tareas esenciales: acompañar casos de violencia, asistir a niñeces trans, alojar a mujeres sin hogar en la Casa Trans, organizar censos y brindar talleres.
Daira lo sintetiza con una claridad que duele y moviliza:
“Nosotras sostenemos vidas todos los días. No podemos darnos el lujo de esperar al Estado.”
Y sobre su rol político en el territorio:
“Lo que hago no es militancia: es supervivencia organizada.”
Lo que más impacta de su mirada es el sentido profundo de pertenencia al territorio:
“El territorio te enseña a amar y a defender, aunque nadie te mire.”
En zonas donde lo institucional llega tarde o no llega, Daira llega igual. Y su presencia cambia realidades.
Dana Liz: emprender después del dolor y construir hospitalidad real
La historia de Dana Liz es una de las más contundentes del foro. Su vida atravesó rechazo familiar, precarización laboral y violencia durante años. Pero desde lo más vulnerable construyó un camino propio: primero un terreno, luego un quincho, más tarde una pileta y finalmente su sueño hecho realidad: La Gardenia Hospedaje, uno de los primeros emprendimientos turísticos gestionados por una mujer trans en la región.
Ella lo expresó así:
“Me sacaron todo, pero nunca me pudieron sacar las ganas de tener algo mío.”
Cada parte de su hospedaje la construyó con trabajo propio. Por eso también afirma:
“No nací con oportunidades: las construí una por una.”
Y sobre su proyecto turístico, deja una frase que define el espíritu de su emprendimiento:
“Mi hospedaje no es solo un negocio: es un lugar donde nadie tiene que pedir permiso para existir.”
Dana es prueba de que la resiliencia también se convierte en destino turístico seguro.
Gabriela Dagún: visibilidad, historia y fuerza desde Salta (en el foro Jujuy)
Gabriela Dagún, referente trans del área de mujer y diversidad en Salta, llegó al foro con una presencia que mezcla trayectoria política y una historia humana marcada por búsquedas, silencios y aprendizajes. Antes de ocupar cargos, fue una adolescente que tuvo que construirse sin referentes, sin información y sin espacios donde hablar de identidad con seguridad. Ese pasado personal sigue siendo la base de su trabajo.
Durante su intervención en Jujuy, habló con claridad, sin tecnicismos innecesarios, poniendo el cuerpo a sus palabras. Recordó los años en los que ser visible implicaba perder oportunidades y cómo, aun así, eligió avanzar. Hoy acompaña procesos, capacita equipos y articula políticas públicas, pero no olvida el origen de todo: la necesidad de que cada persona trans pueda vivir sin miedo.
Su mensaje al foro fue uno de los más directos y emocionales:
“Todo lo que hoy tenemos costó años de lucha. No lo regalen: ocupen su lugar.”
Y dejó una frase que resonó en toda la sala, especialmente entre las más jóvenes:
“Hacerse ver es político. And es urgente.”
Gabriela es la prueba de que la visibilidad también se construye desde la humanidad, el trabajo diario y el compromiso con quienes vienen detrás.
Y lo resumió en una última invitación que quedó flotando después del aplauso:
“Es tu momento. Perdé el miedo y hacete ver.”
Cruces y puntos en común: cuatro mujeres, un mismo norte
Aunque sus caminos son distintos —territorio indígena, militancia comunitaria, emprendimiento turístico, institucionalidad— estas mujeres comparten un hilo invisible: hacer lugar donde antes no lo había.
Son presencia, trabajo, comunidad.
Son reparación y ejemplo.
Son memoria y futuro.
El turismo y la inclusión: cuando el cambio nace de la comunidad
La inclusión dentro del turismo no empieza en leyes ni en logos: empieza en personas reales que transforman sus espacios.
- Sharlott desde la cultura originaria.
- Daira desde la militancia comunitaria.
- Dana desde la hospitalidad real.
- Gabriela desde la institucionalidad y la formación.
El norte necesita estas voces porque son ellas quienes construyen los cimientos de un turismo más justo y humano.
Escuchar estas voces es entender que la diversidad no nace en las grandes ciudades: también florece en los bordes, en los pueblos, en las rutas y en los márgenes del mapa.
Las mujeres trans del norte nos muestran que la dignidad no se mendiga: se sostiene, se aprende, se comparte.
Y cada una de ellas, desde su historia, deja una verdad simple y poderosa: vivir auténticamente también es transformar.






