Leathermen Argentina celebró su séptimo aniversario en The Cosmopolitan. Una velada que reafirmó que, detrás de la estética y el fetiche, lo que sostiene a la comunidad es la calidad humana de sus integrantes y la solidez de un espacio seguro.
Hay aniversarios que son solo fechas en el calendario y otros que celebran la pasión y la vigencia de un espacio de pertenencia. Este sábado 14 de febrero, Leathermen Argentina (LMA) celebró sus primeros siete años de vida en The Cosmopolitan Bar, consolidando una vez más su lugar como referente de la cultura fetichista local.
La noche tuvo esa energía particular de los reencuentros genuinos. Fue la primera cita oficial del 2026 y sirvió para ver el fruto del trabajo sostenido por Pol, Mariano y Matt, quienes han sabido mantener el timón de este barco con una premisa clara: el respeto y la camaradería por sobre todas las cosas.
Vínculos que traspasan el código de vestimenta
La coincidencia con el Día de los Enamorados nos regaló una perspectiva interesante sobre lo que sucede dentro del grupo. A veces existe el prejuicio de que el ambiente fetish es frío o puramente sexual, pero las historias reales dicen lo contrario.
Conversando con Julián, miembro activo del grupo, pudimos asomarnos a esa dimensión afectiva. Él conoció a su pareja, Ale, dentro de la comunidad hace ya dos años.
«No fue algo planeado. Yo venía al grupo por el tema del cuero… obvio que lo vi y me atrajo, pero no es que uno buscaba tener algo así», nos contaba con honestidad.
Lo que comenzó como una afinidad estética por los uniformes y el gear, decantó en una relación sólida. Para ellos, LMA dejó de ser solo un lugar de salida para convertirse en un espacio compartido de pertenencia. «Es el día justo para estar presente y compartir con los demás», reflexionó Julián, recordándonos que estos espacios son, ante todo, lugares donde se tejen redes humanas.
El ecosistema de la escena
La noche también sirvió para cruzar abrazos con colegas que hacen a la riqueza de nuestra comunidad. Contamos con la visita de Condesa Art, productora y compañera de ruta, cuya presencia siempre suma al intercambio entre las distintas tribus del fetiche.
Y como es tradición, la industria local tuvo su momento. Guarrotes acompañó el festejo aportando el premio central de la noche. Aquí me permito una licencia personal para contarles —con alegría— que el azar estuvo de mi lado: quien escribe esta nota (Ali) resultó ganador de uno de los arneses. Un guiño de la suerte que, más allá del regalo, se sintió como un mimo de parte del evento.






