
Buenos Aires cierra un ciclo de drama y comedia teatral creado por el Director Emergente Emilio Arriagada Cordero nacido en Chile, quien nos ha puesto a reflexionar sobre la simplicidad de las familia, las infancias incomprendida y la adultez que recolecta mentiras, secretos y verdades incómodas.
MasQLine decidió ser parte del público y disfrutar la penúltima presentación para el deleite del guión y dirección que originó en una noche porteña. Luego de ello, nos hicimos varias preguntas donde su creador nos ha respondido para quines somos amantes del teatro nos demos la oportunidad de conocer y asistir a la última presentación que se dará éste próximo jueves 29 de enero del 2025 en Av. Corrientes 1660 en Paseo La Plaza.


– ¿Desde cuándo estás acá y qué emociones afloraron luego haber estrenado tu obra el pasado 4 de diciembre?
Llegué a Buenos Aires el año pasado. Es una ciudad hermosa, vertiginosa, llena de movimiento. Tardé todo el año en poder adaptarme, incluso hoy, muchísimo más familiarizado, me encuentro por momentos con situaciones nuevas, jamás se termina de conocer. Luego del estreno, me sentí contrariado, por un lado, rebosante de felicidad después de que una obra de meses de trabajo, se comparta con el público, y sentir ese convivio único que hace que el teatro persista, y por otro, entrar en consciencia una vez más, de que el teatro es precario, y los artistas resisten en él.
– El título es poético y hermoso: “Efímera recomposición de un recuerdo feliz”. ¿Cuál fue el primer “recuerdo feliz” real que disparó esta historia y por qué decidiste trabajar justamente sobre lo efímero?
La obra la escribí el año pasado, estando acá en Buenos Aires, incluso en tono de broma les chiques del elenco me dicen que es más argentina que chilena. Y se originó a partir de objetos o estímulos para la creación, algo que solicitó Eugenia, en clases. Yo traje fotografías, no sé si hay algo más personal que eso: mi familia, el mar, mi perrita de infancia. Sobre el título, efectivamente es poético, me parece que el teatro debe, de algún modo, o sacarnos del cotidiano o poetizarlo, generar alguna extrañeza. Lo decidí impulsivamente y quise dejarlo tal cual. Me parece, que hay algo con el recuerdo que siempre se nos escapa.


– La obra nace de una dramaturgia chilena y hoy se encarna con actores argentinos en Paseo La Plaza. ¿Qué tiene esta mezcla Chile–Argentina que enriquece la puesta y qué tensiones o matices latinoamericanos quisiste que se noten en escena?
Es curioso lo que preguntas. Hace poco le comentaba a un amigo, que, aunque se note la argentinidad, es inevitable ver algo esencialmente chileno en la obra, o capaz, me atrevo a suponer, se trate de algo latinoamericano. No sabría definirlo con exactitud. Lógicamente, tuvimos que cambiar cosas, se optó por argentinizar la conjugación verbal para que sea más natural y digerible, y también, algunas palabras que no iban a ser comprendidas a primeras. Pero, lo que sí, todo lo que engloba el margen simbólico de la obra, se conserva, y se entiende a partir de la acción. Por ejemplo, “la once”, que es, dicho de forma simple, la última merienda del día. Es importante, porque en Chile no en todas las casas se cena, y es, por ende, el momento en que la familia se reúne en la mesa después de la jornada. Dicen, que su origen viene del periodo de la conquista española, porque, los españoles cuando estaban desocupados, más o menos a la misma hora de la tarde, se juntaban a tomar aguardiente, palabra que tiene once letras, de ahí el nombre.
– Elegís contar la historia desde la perspectiva del Niñe que espera la llegada de su mami. ¿Cómo pensaste esa infancia en términos de género, lenguaje inclusivo y representación de nuevas sensibilidades?
La infancia tiende a ser invisibilizada constantemente, la sociedad es excesivamente adultocentrista. Hoy por hoy recién podemos sentir ligeramente que hay algún cambio en esa perspectiva de mundo, pero es insuficiente e incluso hay quienes insisten en menospreciarla. Las niñeces siempre están en peligro y debemos hacer algo, por muy mínimo que parezca. Por eso opté por contar la historia desde Niñe, que además, es un personaje bastante particular, inquieto y reflexivo. Así, con una jardinera y dos trencitas, Julián (Fuertes) encarna con toda propiedad a nuestro Niñe, que representa a la infancia, a ese punto intermedio que lo engloba todo con vivacidad e inocencia.


– Visualmente la obra se presenta colorida, con torta, flores, espuma en la cara, vestuario muy marcado. ¿Qué lenguaje escénico te guía: clown, comedia física, realismo roto, farsa…? ¿Cómo llegaste a ese código?
Efímera recomposición de un recuerdo feliz, coquetea con varios lenguajes, algo de clown, algo de comedia física y algo de grotesco. No podría definir cuál es el que predomina o en qué género buscamos que se enmarque. Me parece que esa es una labor posterior, que de anticiparse a una respuesta, limitaría el proceso creativo. Quizás, cuando termine la temporada, nos hagamos la pregunta. Eso sí, hay signos que nos hablan de lo festivo, pero la puesta no es persé colorida. Habla más bien de la precariedad, de la ausencia, que, paradójicamente, es lo más presente de la obra.
– Tía Berta parece un personaje que mezcla humor, ternura y algo de desborde. ¿Cómo la describirías vos y qué lugar ocupa dentro de la conversación actual sobre cuerpos disidentes, tías raras, Queers de la familia y afectos no hegemónicos?
Nuestra tía Berta, audazmente interpretada por Principuto, es una tía media travesti, maquillada, con algo de bigote y zapatos de hombre. Tiene esa carga humorística, y tal como mencionas, por momentos deja asomar ternura, y por otros, explota desaforada, pierde el control. Es una mujer presente y preocupada, que acarrea sus propios sufrimientos, pero que sin embargo, tiene un sentido de la verdad que la posiciona en un estadio de consciencia superior, que puede incluso, resultar avasallador. Y el valor de ese personaje, radica en su sola presencia dentro de una familia, en la que jamás se pone en duda su lugar como tía. Todas las familias, con sus defectos y virtudes, son válidas en tanto el afecto y el cuidado sea el motor de los vínculos.


– Niñe espera una fiesta, pero lo que llega es una verdad incómoda. ¿Qué te interesa más como director: hacer reír, incomodar, o que el público se vaya revisando sus propias fiestas familiares?
Lo que mencionas aborda dos aristas de un mismo camino, igualmente interesantes. Por un lado, lo que ocurre en el momento mismo de la acción escénica (la reacción espontánea y primaria del espectador), y por otro, lo posterior (el pensamiento, lo reflexivo). Creo que ambas partes son vitales dentro del fenómeno teatral y terminan por hacer de la experiencia algo relevante (o no) para el espectador. Ahora, hacer reír es importante, pero si fuese nuestro objetivo principal, estaríamos haciendo otra obra, aunque, creo fehacientemente, que la risa puede ser reveladora, en tanto exista la pregunta ¿de qué me estoy riendo? Y ante eso, sí, hay una intención de que el público piense post función, a lo menos, despierte algún tipo de inquietud.
– Es una producción cooperativa con un equipo artístico grande (música, gráfica, vestuario, foto, iluminación). ¿Qué significa para vos trabajar en cooperativa hoy y cómo se negocia la mirada del director con la creatividad de todo el equipo?
Para mí, la obra es de todes, y cada quien aporta desde su grado de especificidad y disciplina. Hay áreas en las que honestamente, soy nulo, como el maquillaje (de Principuto) o la fotografía (de Brenda Wainer), en las que puedo tener nociones o ideas, pero no técnica, y ahí, es esencial la propuesta y el diálogo, estar abierto a recepcionar ideas. En ese sentido, me siento feliz con el tremendo equipo que conformamos. El diseño de vestuario original estuvo a cargo de Carlos Cortés y fue variando en base a nuestras posibilidades, la iluminación de Victoria Girón se caracteriza por su agudeza y enfatiza en lo efímero y fugaz de los momentos, la escenografía tiene la sensibilidad de Luar Pepe al servicio de la obra, la gráfica precisa es de Marco Ferraro, la música original de Daniel Soruco que dialoga como un personaje más. Todes aportamos en la construcción de este montaje.

– Llevan meses de ensayo para llegar a la Sala Cortázar. Contanos algún momento de ensayo que haya cambiado por completo una escena o un personaje y que hoy no podrías imaginar de otra manera.
La integración de Luar Pepe. A lo largo del proceso hubo cambios, inicialmente ensayábamos sólo con Julián y Princi, y avanzamos bastante bien. Pero en el momento en que Luar se integró al equipo, con una comprensión profunda y sensible tanto de la trama como del lenguaje escénico, el engranaje completo empezó a adquirir mayor sentido, no porque antes no estuviera, sino que, porque cada pieza es esencial y aporta. Y sin duda, Luar es un aporte valiosísimo.
– La obra se estrenó en Paseo La Plaza, un espacio muy identificado con el teatro comercial, pero ustedes traen una comedia con corazón latinoamericano, Niñe protagonista y tensión con la verdad. ¿Sentís que están “hackeando” un poco la cartelera tradicional?
Hay que ser hacker para poder hackear algo. Nosotros somos artistas, y eso es lo que hacemos. Cuando llegué a Buenos Aires, noté el sueño de muchos artistas de presentarse en Avenida Corrientes, el distrito teatral, así como también, muchos otros que renuncian o lo olvidan. Como extranjero, nunca tuve ese afán y llegué a Sala Cortázar por la colaboración de Nahuel (que estuvo en el inicio del proyecto), para mí, por casualidad. Y si bien, me parece que lo cómico, especialmente por el mundo en el que vivimos, es importante, debe estar dotado de contenido, y no porque tenga que existir una supremacía del contenido, sino que, porque no podemos quedarnos sólo en la superficie formal. En ese sentido, me parece importante el ocupar los distintos espacios destinados a la escena teatral, y reivindicar esos espacios. Este año, coincidentemente la Sala Cortázar se sumó a los carteles luminosos, y en consciencia de que gran parte del equipo es disidente, quise que estuvieran los nombres de todo el elenco en esa gráfica. Ese es un gesto político (porque incluso me decían que no se verían, pero lo logramos), pensando incluso que el seudónimo artístico de Principuto, por mencionar uno, explícita su posición en el mundo.


– Si tuvieras que resumir la trama en tres palabras que no sean “comedia”, “familia” ni “verdad”. ¿cuáles elegirías para tentar a los lectores de MasQline?
Humor (hago un poco de trampa), precariedad y búsqueda. La obra trata de un Niñe en un entorno precario, buscando saber lo que nadie le dice, y todo gira en torno a eso, hasta el hartazgo, hasta las risas, hasta la incomodidad.
– ¿Cómo trabajaste con el elenco la construcción del Niñe, del Papá y de la Tía Berta para que no se conviertan en caricaturas vacías y conserven humanidad dentro del humor?
Pienso, a groso modo y verborreando un poco, que cuando hay un trasfondo, o como dice la tía Berta, cuando “se escucha con todo el cuerpo” es imposible que sea algo vacío. La obra está hecha con brocha gorda, de tal modo que es imposible no percibir con claridad lo que está ocurriendo, pero, sin embargo, está llena de matices. Ahora, si hablamos de construcción de los personajes, me parece que ocurrió de dos modos, por un lado, a consecuencia de la acción, la acción en el teatro lo es todo. Y por otro, por la particularidad de los intérpretes y sus cuerpos. Es decir, en lo concreto tenemos en escena a un Niñe muy alto, a una Tía travesti, y un Papá bajito de bigote postizo. Desde ese lugar, ya existen como personajes. Si hacemos un paralelismo con el humor físico, no existiría El gordo y el flaco, si no fueran gordo y flaco. Hay algo anterior a la actuación, que es la presencia física.


– La obra habla de memoria y recomposición. ¿Qué recuerdos tuyos sentís que se reacomodaron mientras escribías o dirigías esta pieza? ¿Hubo algo que sanaste o revisaste en el proceso?
No me gusta hablar de mí como si el teatro se tratara de terapia (existe el teatro terapia, pero es otro formato muy distinto). Es cierto que la obra tiene mucho de personal, pero toda creación es una extensión de su creador o creadora, en el sentido más amplio incluso, más allá del texto, y de la plástica. Los movimientos de un bailarín hablan de quién es, y lo mismo con los actores y las actrices. Sí creo que el arte es sanador por su propia naturaleza expresiva. Y que todo recuerdo es una recomposición, es traer al hoy las piezas del ayer. Por eso es tan importante la historia y la memoria. No debemos olvidar, y es un peligro latente en el mundo, al que debemos resistir. La memoria es una construcción que nos permite entender quiénes somos como personas, como sociedad, como latinoamericanos, y así, afrontar mejor el futuro, entender nuestras luchas, ser mejores.
– Después de “Efímera recomposición de un recuerdo feliz”, ¿qué te gustaría que pase con la obra y con vos como creador? ¿Sueños de gira regional o nacional?, ¿nuevas historias con Niñes protagonistas?, ¿una trilogía de recuerdos…?
Por supuesto, me gustaría seguir creando, de hecho, ya tengo algunas ideas para el próximo año, pero antes, me gustaría que la obra llegue a muchas personas, que la disfruten, que les permita pensar. Y si se trata de soñar, viajar, ir a festivales, tener buenas temporadas, mover una obra por la que trabajamos muchísimo. Pero por ahora, quiero que esta primera temporada sea exuberante.


MasQLine te invita a disfrutar de éste dramático viaje éste próximo jueves 29 de enero 2025 a las 20 horas en Salas Cortazar de Paseo La Plaza, CABA.
Este espacio es para vos, quien estás buscando dónde ser y pertenecer.
Atte,
Bråhăn.
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