Efímera recomposición de un recuerdo feliz: infancia, memoria y una verdad que incomoda

Efímera recomposición de un recuerdo feliz, escrita y dirigida por Emilio Arriagada Cordero, es una comedia dramática que se anima a mirar de frente aquello que suele evitarse: el dolor, la ausencia y la forma en que los recuerdos se reconstruyen para poder seguir viviendo.

La obra nos sitúa en la espera ansiosa de un Niñe, que aguarda la llegada de su mami mientras la Tía intenta contenerlo y el Papá esquiva respuestas a través de juegos y relatos. Desde ese espacio aparentemente cotidiano, la puesta abre preguntas profundas sobre la infancia, la adultez y los silencios familiares.

Una obra nacida entre Chile y Argentina

Emilio Arriagada Cordero llegó a Buenos Aires el año pasado y fue en esta ciudad donde escribió la obra. Aunque se trate de una dramaturgia chilena, la puesta actual dialoga de forma orgánica con el contexto argentino.

“Es curioso, porque aunque se note la argentinidad, hay algo esencialmente chileno —o quizás latinoamericano— que permanece”, señala el director. Para la versión en Paseo La Plaza, se ajustaron conjugaciones verbales y expresiones para una escucha más natural, pero el universo simbólico de la obra se conservó intacto.

Un ejemplo de ese cruce cultural es “la once”, tradición chilena que aparece en escena como momento clave de reunión familiar, resignificada ahora ante un público argentino.

Infancia, lenguaje y nuevas sensibilidades

Uno de los ejes más potentes de Efímera recomposición de un recuerdo feliz es la elección de narrar desde la perspectiva del Niñe. No como recurso ingenuo, sino como decisión política y poética.

“La infancia tiende a ser invisibilizada. Vivimos en una sociedad adultocentrista”, afirma Arriagada. El Niñe —interpretado por Julián Fuertes, con jardinera y dos trencitas— encarna esa etapa intermedia donde conviven la curiosidad, la reflexión y la inocencia, sin imponer categorías cerradas de género.

La obra no subraya el lenguaje inclusivo: lo habita.

Un lenguaje escénico que coquetea con lo festivo

Visualmente, la puesta sorprende: torta, flores, espuma en la cara, vestuario marcado y un clima que parece festivo… pero no lo es del todo. La obra dialoga con el clown, la comedia física, el grotesco y un realismo quebrado, sin encasillarse en un solo género.

“Hay signos de lo festivo, pero la obra habla de la precariedad y de la ausencia, que paradójicamente es lo más presente”, explica el director. Esa tensión entre risa e incomodidad atraviesa toda la experiencia.

Tía Berta: humor, verdad y afectos no hegemónicos

La Tía Berta, interpretada por Principuto, es uno de los personajes más memorables. Maquillada, con algo de bigote y zapatos de hombre, mezcla humor, ternura y desborde.

Su presencia no se justifica ni se explica dentro de la familia: simplemente está. Y en ese gesto reside su potencia. “Todas las familias son válidas si el afecto y el cuidado son el motor”, afirma Arriagada, dejando en claro que la obra abraza afectos no hegemónicos sin necesidad de discursos explícitos.

Reír, incomodar y pensar después

La obra propone una experiencia en dos tiempos: la risa inmediata y la reflexión posterior. “La risa puede ser reveladora si aparece la pregunta ‘¿de qué me estoy riendo?’”, sostiene el director.

Más que ofrecer respuestas, Efímera recomposición de un recuerdo feliz deja inquietudes abiertas. La verdad que llega no es cómoda, pero sí necesaria.

Teatro cooperativo y resistencia artística

La puesta es una producción cooperativa que reúne un equipo amplio y diverso. La música original de Daniel Soruco, la gráfica de Marco Ferraro, la iluminación de Victoria Girón, la escenografía de Luar Pepe, el vestuario original de Carlos Cortés y la fotografía de Brenda Wainer dialogan como capas sensibles de una misma obra.

“El teatro es precario y los artistas resisten en él”, reflexiona Arriagada, destacando el valor del trabajo colectivo y del diálogo entre disciplinas.

Ocupar la cartelera, también es un gesto político

Presentarse en la Sala Cortázar del Paseo La Plaza, un espacio históricamente asociado al teatro comercial, no fue un objetivo premeditado, pero sí un acto significativo.

“Quise que estuvieran los nombres de todo el elenco en la gráfica luminosa, sabiendo que gran parte del equipo es disidente”, cuenta el director. Un gesto simple, pero profundamente político.

Funciones y datos útiles

📍 Lugar: Sala Cortázar – Paseo La Plaza (Av. Corrientes 1660)
⏰ Horario: 20 hs

📆 Funciones:

  • 4, 11 y 18 de diciembre

  • 15, 22 y 29 de enero

🎟️ Entradas:
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📲 Instagram: @efimera.recomposicion

Tres ideas que atraviesan la obra

Humor, precariedad y búsqueda.

Una obra que no se queda en la superficie, que incomoda con dulzura y que confirma que la memoria —como el teatro— siempre es una recomposición en presente. 

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