SexHum – Profana: una experiencia que se vive en el cuerpo

Este sábado estuvimos presente en SexHum, en su edición PROFANA, una propuesta artística y nocturna que vuelve a demostrar que hay experiencias que se viven más de lo que se documentan. El encuentro tuvo lugar en Maquinal Espacio cultural ig: @maquinal.maquinal, donde la pista volvió a transformarse en un templo efímero: ritual, cuerpo y música al servicio de una noche intensa y profundamente sensorial.

Profana fue una misa sin dogmas. Una invitación a exorcizar el año bailando, a dejar que el deseo, el juego y la imaginación hagan su trabajo. Desde el primer momento, el clima fue claro: acá no se viene a mirar desde afuera, se viene a participar.

Un show que no se explica (y no debería)

No voy a spoilear las performances —y no porque no tenga qué decir, sino porque merecen ser descubiertas en vivo. El compromiso y la personificación que cada artista le imprime a su personaje es impactante. Se construye un clímax absoluto de locura visual y emocional, donde por momentos olvidás que estás frente a un show y sentís que todo es real.

SexHum logra algo difícil: hacerte atravesar emociones, no solo excitarte. Hay tensión, sorpresa, belleza, incomodidad, erotismo y arte conviviendo en el mismo espacio. Vestuarios, gestualidad y narrativa se integran con una coherencia que no tiene nada que envidiarle a ciertos rincones de la vieja Berlín.

La música como motor del ritual

La música fue otro de los grandes pilares de la noche.
El trío en bandejas —@ppia.leona, @lasacer__ y @tobias_sagitario— sostuvo la pista con sets implacables: energía constante, sin respiro, de esas que te obligan a moverte y a entregarte al momento. Fue imposible no bailar, imposible no dejarse llevar.

Algunas experiencias funcionan mejor cuando se viven sin intermediarios. SexHum es una de ellas: una noche que pide presencia, entrega y atención plena, donde lo que pasa en la pista se guarda más en el cuerpo que en la cámara.
En esta oportunidad, desde MasQLine elegimos estar ahí, vivirla en cuerpo presente. Porque hay propuestas que, si no las vivís, no son lo mismo.

Un cierre de año a la altura

Después de un año donde cada encuentro fue un ritual y la pista fue templo, Profana fue un cierre de año potente, coherente y profundamente cuidado. SexHum confirma que no es solo una fiesta: es una experiencia artística donde el cuerpo, el deseo y la música dialogan sin pedir permiso.

La próxima cita será en marzo.
Y si algo quedó claro este sábado, es que más vale estar ahí que leerlo después.

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